dilluns, 26 d’agost del 2013

La campiña inglesa se levanta contra el ‘fracking’

  • Cameron planea extender la polémica técnica de extracción de gas con 20.000 pozos
  • Las protestas de ecologistas y vecinos suspenden las primeras prospecciones

Manifestantes 'antifracking' se encaran con la policía en Balcombe
Campamentos de protesta desplegados en la hasta ahora inalterable verde Inglaterra; colisiones entre activistas y policías; tensión, arrestos y desembarco de las televisiones en un entorno voluntariamente silencioso y aburrido…

El campo inglés se ha levantado en pie de guerra frente a las intrusiones de una industria energética que ansía los recursos de su subsuelo. El enemigo a combatir es el fracking, una controvertida técnica de extracción de gas mediante fractura hidráulica que el Gobierno británico está apuntalando como solución a la dependencia energética, pero que sus detractores tildan de insegura y de fatal para el medio ambiente. Las perforaciones exploratorias de una compañía gasística y su contestación han convertido la localidad de Balcombe (West Sussex, sureste de Inglaterra) en epicentro del debate nacional sobre la amenaza de industrialización de la campiña inglesa. El pueblo está tan dividido entre la lógica de la economía y la defensa ecológica como el propio país.

Las operaciones de la empresa Cuadrilla en Balcombe han trastocado este verano el ambiente bucólico y tranquilo de una población que no alcanza los 1.800 habitantes, tiene solo un colmado, cuatro tiendas y carece de cajero automático. Un remanso de paz de la llamada upper-middle class (clase media-alta), como tantos otros del sureste rural inglés, conformado por viviendas y jardines impolutos, y enclavado en medio del trayecto ferroviario entre Londres (a la que se accede en 39 minutos) y la ciudad balnearia de Brighton.

La compañía, que encabeza en el Reino Unido la implantación del fracking, suspendió a finales de la semana pasada sus prospecciones en busca de crudo, aconsejada por una fuerza policial incapaz de garantizar la seguridad frente a la sonora manifestación de más de un millar de activistas. Convocados por el grupo ecologista No Dash for Gas y procedentes de varios puntos de la geografía británica, se sumaron durante seis jornadas de “desobediencia civil masiva” al centenar y medio de personas que ya permanecían acampadas en los aledaños del pozo desde el pasado 25 de julio. Todavía hoy, estos últimos no tienen intención de moverse de allí porque Cuadrilla reanudó sus actividades en cuanto el miércoles concluyó la gran protesta, con un balance de una treintena de detenidos, entre ellos, la diputada verde Caroline Lucas.